— DESCUBIERTA

Oriente Occidente

Oriente, Occidente, es un proyecto literario constituido por dos novelas y un cuento cuyos protagonistas, unos jóvenes que compartieron años de expectativas e ilusiones de cambio en la España de la transición, viven y mueren a medio camino entre lo cotidiano y lo extraordinario, entre lo prosaico y lo espiritual, entre oriente y occidente.

LEER PRESENTACIÓN

Presentación

Conocí a José Ramil Guyatt en 1974. José era huérfano de un teniente de la Guardia Civil, que murió cuando él tenía diez años. 

Ambos éramos muy jóvenes, rebeldes y con grandes ansias de cambiar el mundo, pero José con más osadía: a José le apasionaba transgredir el orden, así que, como no gestionó los aplazamientos a los que tenía derecho como universitario y fue llamado a cumplir el servicio militar, en enero de 1981 desertó de la División Acorazada Brunete, con cuartel en Madrid, donde estaba destinado. 

¡Fue como si se oliese el golpe de estado de febrero! 

El caso es que José huyó de España y se fue a India, un país que le interesaba porque le atraían la aventura, la filosofía oriental y, también (quizá, sobre todo), los magníficos opiáceos que se producen en Oriente.

Yo seguí una vida convencional en Occidente, (me hice funcionario, me casé, tuve hijos: en fin, todo eso…), pero siempre estuve al tanto de las vicisitudes de mi amigo. 

En concreto, en 1985 supe que, en una visita que José hizo a España, lo detuvieron, lo juzgaron y lo condenaron a tres años de cárcel por deserción. Después, tuvo que concluir el servicio militar que había suspendido unilateralmente, lo que al Ejército le había parecido fatal.

Pero la suerte de José aún fue a peor: al retomar la mili enfermó de cáncer de hígado y falleció a fines de 1989 en el Hospital Militar de A Coruña. 

Poco antes de morir, nació una hija suya de una joven con la que había mantenido una relación ocasional.

José fue tan importante para mí, era tan obsesiva su presencia, que desde que murió sentí la necesidad de hacer una novela que, mutatis mutandi, narrara el momento estelar de su regreso de India y su detención, y, alrededor de eso, profundizara en nuestra vida, en nuestros pensamientos, en nuestra complicada amistad. 

Tardé diez años en escribir esa novela, que primero publiqué en gallego en el año 2000, y después en castellano, en 2007: Adiós India, Adiós, se titula. La novela es larga, y, aunque tuvo cierta repercusión crítica, no fue leída por casi nadie. 

Las circunstancias de la vida hicieron que en 2010 me encontrara con la hija de José, que por entonces ya tenía 20 años de edad. Ella preparaba unas oposiciones a la administración y yo daba clase en la academia en la que ella estudiaba.

Cuando nos reconocimos, hablamos, y entonces ella me dijo que su padre, antes de morir, le había escrito un cuento. Yo no tenía ni idea de tal cosa y le pedí si me lo podía dejar leer.

Clara, que así se llama la hija de José, me lo dio, y a mí me produjo una tremenda impresión: el vago de José, que siempre se había mofado de los esfuerzos de los demás por perpetuarse a través de obras, había escrito un relato relativamente corto, publicable y que podría ser leído por mucha gente, justo lo contrario de lo que había pasado con mi novela sobre él. 

Con un cierto ánimo vindicativo, decidí entonces escribir otra novela, que completara Adiós India, Adiós, en la que se narrara la enfermedad y muerte de José, el nacimiento de su hija y el proceso de escritura del cuento que José escribió para ella, titulado San Jorge, el dragón y la Princesa.

Me puse a la tarea con el ánimo de hacer un breve epílogo a la primera novela que, además, sirviera de prólogo al cuento… pero me salió Legado para el olvido, otro tocho tan largo como Adiós India, Adiós. Los escritores somos como los árboles frutales: si uno es un cocotero, produce cocos, grandes y ampulosos; si uno es un cerezo, produce deliciosas y minúsculas cerezas… y yo tiendo, irremediablemente, a los cocos…

Bien: pues bajo la común denominación de Oriente, Occidente les presento tres obras: por un lado, el cuento que escribió José, que seguramente leerán; y, por otro, las novelas que tratan de cómo lo detuvieron y de cómo redactó el cuento, que muy probablemente no leerán: ¡son tan largas!

Sin embargo, para animarles a hacerlo, les formulo esta pregunta: si algo es bueno, ¿no es preferible que dure?